En la sombra suave, un bonsái descansa, raíces antiguas que cuentan historias de tiempos remotos. Cada hoja es un susurro, cada rama, un camino, trazando en silencio el paso de los años. La tierra lo sostiene, firme y serena, mientras el viento acaricia sus formas diminutas, sintiendo en su esencia la quietud del universo.
Todo el día tu y otra vez tu, una secuencia terrible, una imagen quema tal vez, emerge sin querer no preciso buscarlo, pensarlo, decirlo, desearlo, llamarlo. Acariciar tu pelo y besar tu nuca unirnos, sin más a diario, tal vez. Posado en alguna parte. Y así es como no es: recto, seguro, sensible, roto del todo? Ansío que no, que sólo un tomo, o dos, tentando a mi diligencia, mi implicación, hacia la más enajenada duda y fin donde el tiempo se rompe. Es portal de placer deseado lo que recorre la linea de alguien que se enciende sin aviso en su voz cercana: es armonía vitruvia de un voraz rostro, las imágenes que pueden no pasar jamás por apetecible y deseado. Yo lo dirigí hasta la torpeza más profunda y no lo arreglo si no que me arropan tantas cosas que no sé: vi deseo y luego viento por aquel susurro gritado mi espiral de dolor cruel y real. No vi sino el atisbo. De igual manera que no.
Aquel gato dio más de dos y tres vueltas antes de sentarse. Creo que sabía que tarde o temprano lo tenía que hacer, que todos lo hacen, pero no estaba seguro de querer hacerlo, ni donde. ¿Acaso es raro eso? La cuestión, es que aparecieron dos gatitos que se acurrucaron a su lado sin dudarlo mucho. Él, impasible, no les apartó el calor y mucho menos la compañía. Pero sin ser gato, puedo decir, que su mirada estaba bastante más allá. Tranquilo y plausible miraba los coches pasar, la gente.. Y los gatitos lo miraban a él, e imitaban mirar al resto del mundo. Y sin pensarlo, su preocupación de si hacerlo y cuándo se había ido. Su respiración era sesgada y profunda, sus orejas asertivas y sus ojos verdes tocando otra dimensión. Sus pensamientos seguían atravesando la monotonía de la calle, y sus parpadeos casi hipnóticos danzaban en calma. Un frío viento envolvió la escena, y su cola comenzó a girar hasta que sin apartar la mirada del pensamiento dónde estuviera, se l...
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