Todo el día tu y otra vez tu, una secuencia terrible, una imagen quema tal vez, emerge sin querer no preciso buscarlo, pensarlo, decirlo, desearlo, llamarlo. Acariciar tu pelo y besar tu nuca unirnos, sin más a diario, tal vez. Posado en alguna parte. Y así es como no es: recto, seguro, sensible, roto del todo? Ansío que no, que sólo un tomo, o dos, tentando a mi diligencia, mi implicación, hacia la más enajenada duda y fin donde el tiempo se rompe. Es portal de placer deseado lo que recorre la linea de alguien que se enciende sin aviso en su voz cercana: es armonía vitruvia de un voraz rostro, las imágenes que pueden no pasar jamás por apetecible y deseado. Yo lo dirigí hasta la torpeza más profunda y no lo arreglo si no que me arropan tantas cosas que no sé: vi deseo y luego viento por aquel susurro gritado mi espiral de dolor cruel y real. No vi sino el atisbo. De igual manera que no.
Puede que fueras tu o no, o que aún lo puedas ser, que lo vayas a ser. Las pocas desesperanzas que han habido, ¡Corten! Y esa sonrisa atemporal, que le sale en los últimos momentos. Que no dice fin, dice "o no..?" De piel dura, que se convierte en optimismo perverso ¿Más para quién? ¡Da igual! Puede que la recobrarla o nunca perderla del todo se hunda o se salve un poco más. ¿Y si aún no es suficiente, cuando lo será? ¡Corten! Respirar sin acritud hay días que le cuesta tanto.. "Recuerda la cuerda firme, tu equilibrio" Respira, recuerda y sonríe. ¡Continuará!
En las colinas olvidadas del noroeste, más allá de los bosques espesos y los ríos serpenteantes, se encontraba el pueblo abandonado de Ravenscroft. Durante décadas, había permanecido vacío, sus edificios desmoronados y sus calles cubiertas de maleza. Los pocos que se atrevían a acercarse hablaban de una brisa que parecía susurrar secretos antiguos y oscuros. La historia de Ravenscroft era un enigma. Los archivos locales mencionaban que, en algún momento, fue un próspero asentamiento minero. Sin embargo, un día, sin previo aviso, todos sus habitantes desaparecieron. No hubo rastro de lucha ni signos de desastre. Simplemente, el pueblo quedó desierto, dejando atrás una estela de preguntas sin respuesta. Una noche de luna llena, Amelia, una joven periodista, decidió investigar los misterios de Ravenscroft. Armada con una linterna, una cámara y una determinación férrea, se adentró en el pueblo, siguiendo los senderos cubiertos de hiedra y esquivando las sombras que se extendían como dedos ...
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