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Muñeira manchega

Era una muñeira que sonaba diferente, soñando con hogueras, San Juan y calor. Era un sonido manchego con percusión del Norte. Creo que sé lo que hacer, no hay prisas para despedidas. Dime qué puedo hacer, dime qué voy a hacer. Había tu coca en San Juan y planes de carretera. Con tu perfil, sin soledad. Sonidos antiguos, sonidos nuevos. Dime, tal vez, dime. Muñeira que sonaba a ti. Con paredes blancas inmaculadas, calles estrechas, plazas y fuentes donde los abuelos entregan caramelos a sus nietos. Uvas, melones, olivos, cañas y un horizonte seco y limpio. Era la noche más corta, dicen. Fue una de tus noches, recordar a la gata firme, el carro de polizón a la feria, el caballo Dorado, a ti. Figura de porcelana que preside el cerro con final triste, con historia de fuerza. Allí se escucha esa muñeira manchega. ¿Ahora puedes ver diferente? ¿Recordar y soñar? Espero que si, crearé por ti. Había un verso en todo ello. Uno que se levantaba tras la guerra y la humildad. Cosechado en la t...

Al lugar

Allí la soledad no pesaba, era horizonte. Se había convertido en mi momento favorito del día. Silencio fuera de edificios, solo sus luces encarceladas por los árboles y el respirar de los coches tapiado por las hojas movidas por el viento. La oscuridad, la quietud del momento abrazado por las nubes grises y ese cielo oscuro estrellado te llevaba a aquel otro lugar.

Aquella noche

Ese ruido de cancela metálica que bailaba con el viento era el único sonido humano, por así decirlo. Otro tintineo de ventanas a veces te hacía recordar que no bailabas también con él. Pero el canto de esos árboles en esa noche seguían pareciendo de otro mundo.  Hacía que tú respiración fuera al mismo ritmo que la suya. Todo lo demás estaba en completo silencio, eras tú, los árboles y el viento viajando a través del espacio. No podías pensar en nada más que lo que pensabas que también pensarían esos árboles. Erais un conjunto, eras parte de ellos, aceptabas al viento como acompañante y a la noche como compañía. Silencio, paz, quietud. Y tú respiración no podía ir a otro ritmo que no fuera ese. Podías perderte en ello.

Poder y volver

A veces desaparecía y viajaba a un lugar donde parte de mi jamás regresaba, quizá porque no era mío.  Lugar sin guías aparentes, sin medidas ni alturas. Lugar de dudas. Conectar con un silencio que quizá dure por siempre y que nadie lo entienda. Donde el dolor no sabes si existe, o si te reconoce, pero se muestra del mismo color que todo. No sabría explicar, categorizar, atrapar o recluir algo más del lugar. Pero permanece ahí. Atento y apacible. Recostado, si aspiras con intensidad intentando recobrar un eco de respuesta obtendrás un olor irreconocible y lento. Te hará creer que sabes qué es y te mantendrá en sosiego hasta la desesperación. Volver o no puede depender de ti o parecerlo.  Agarrar lo que no quieras dejar y lo que olvides que llevas. Puede sacudirte y mecerte al mismísimo tiempo. Puede. Intenta recobrar los sentidos, recuerda cómo fluyen y como quieres volver. Vuelve.

Esa es la sensación

Puede que pasara un año, puede que decidiera parar en seco. Ese tiempo totalmente sin nada seguía pareciendo corto, pareciendo el principio. Tiempo corto para lo que ya no tendría, largo para pensar en ello. Sin más... una parte le pedía seguir así, con condiciones, y sola.  Tenía una premisa muy clara y algo en la cabeza. Algo seguramente imposible.. imperceptible y un error. No podía evitar que eso mismo fuera lo que la mantenía latiendo más allá del viento. Aunque nunca hubiera empezado, no volverá. Se lamenta y se disfraza perdiendo el control de la peor de las maneras. A la vez el orden y la soledad le dice cuando volverá. Pero no concreta.  Sin saber hacia dónde va, se acuerda de todo, lo que pasó, lo que pudo y lo que podría pasar. Se acuerda de ella, y de ti. Se acuerda de él, de no volver y de salir por esa puerta. Se lamenta en las palabras que no se dirán y se ríe de las que se dijeron. No volverá a ella. Nada ha empezado, esa es la sensación. Se la...

Unilateralmente

En la soledad más perezosa, no encontró lagrimas esa noche,  aunque no encontró, no lo encontró. Pero si pensó en que esa soledad, esa falta de abrazo apasionado, de dónde nacían los besos ya formaba parte de su realidad. Que destrozada o no formaba parte de ella, le asustaba no saber por cuanto se quedaría, sobre todo desde hace meses que era cuando más la odiaba.. pero allí estaba ella, esta vez no se reía ¿tal vez por no verla llorar? o tal vez, porque hasta la soledad se compadecía. Si, parte de ella intentaba aferrarse a lo que seguía deseando, pero otra parte se curtía en el más absoluta de las dolorosas dudas. Porque hasta eso era menos doloroso que la posible y visceral verdad. Su amor por él seguía tan innegable como el jodido primer día que lo negó, como lo unilateral que sería.

Ni tu

Sentirlo parece un estado permanente y nuevo, tan nuevo y bonito como lo que podría ser, tan doloroso como lo que no será. No saber hasta cuando, ni hasta dónde. Mi mente no debería volar más allá y mucho menos soñar. Así que permanece en un humo denso sin color. Donde parece que no bastarían todos los abrazos del mundo para recomponerme. Y dentro de tiempo.. ni tu.